Selección de textos



Michael Fried, “Arte y objetualidad”, trad. Carolina Benavente, Macarena Brevis y Carolina Cortés, en Escáner Cultural, nº 147, mayo 2012

http://revista.escaner.cl/node/6187

consultado el 06/06/2023


La sensibilidad literalista es teatral porque, para comenzar, le preocupan las circunstancias concretas en las que el espectador se encuentra con la obra literalista. Morris lo plantea en forma explícita. Mientras que en el arte anterior “lo que debía obtenerse de la obra se localizaba estrictamente en su interior”, la experiencia del arte literal es la de un objeto en situación —objeto que, casi por definición, incluye al espectador.

(…)

La presencia del arte literalista, analizada en forma pionera por [Clement] Greenberg, es básicamente un efecto o una calidad teatral —una especie de presencia escenificada. Se trata de una función no sólo de la impertinencia de la obra literalista e incluso, a menudo, de su agresividad, sino de la complicidad especial que la obra arranca del espectador.



Robert Morris, “Notes on Sculpture”, en Artforum, febrero y octubre 1966.


La simplicidad de la forma no equivale necesariamente con la simplicidad de la experiencia. Las formas unitarias no reducen las relaciones. Las ordenan.

(…)

El espacio total es felizmente alterado en ciertos modos deseados por la presencia del objeto. (…) Algunas de las mejores nuevas obras (…) son más sensibles a los contextos variables de espacio y luz en los cuales existen. Reflejan más agudamente estas dos propiedades y son modificadas más perceptiblemente por ellas. Ni siquiera la forma —la propiedad más patentemente inalterable— permanece constante: “Porque es el contemplador quien cambia la forma constantemente por su cambio en la posición relativa respecto a la obra”. Y también: “En mucha de la nueva obra en la que las formas se mantienen unitarias, el emplazamiento se vuelve crítico como nunca antes lo fue al momento de establecer la particular cualidad de la obra”.

(…)

Las mejores obras de hoy trasladan las relaciones hacia su exterior, haciendo de ellas una función del espacio, la luz y el campo de visión del espectador. El objeto no es más que uno de los términos de la estética más reciente. De alguna manera, ésta es más reflexiva, pues la propia conciencia de sí existiendo en el mismo espacio que la obra es más fuerte que en las obras previas, con las numerosas relaciones internas que les eran características. Existe hoy una conciencia mayor en cuanto a que se están estableciendo relaciones desde distintas posiciones y en condiciones variables de luz y contexto espacial.



Hal Foster, El retorno de lo real. La vanguardia a fines de siglo, trad. Alfredo Brotons Muñoz, Madrid, Akal, 2001, cap. II: El quid del minimalismo, pp. 39-72.


[Robert] Morris trata de reconciliar este nuevo literalismo minimalista con la vieja autonomía moderna mediante la Gestalt; únicamente por tanto para desviar la atención del objeto a su percepción, a su situación. Fried entonces se levanta para condenar este movimiento teatral como una amenaza para el decoro artístico y una corrupción de la convicción artística; con ello revela la base disciplinaria de su estética formalista. En este escenario general, pues, el minimalismo surge como un momento dialéctico de “un nuevo límite y una nueva libertad” para el arte (…) En una palabra, el minimalismo aparece como un punto históricamente culminante en el que la autonomía formalista del arte es a la vez alcanzada y destruida, en el que el ideal del arte puro se convierte en la realidad de un objeto específico más entre otros.


Bibliografía



Juliane Rebentisch

Estética de la instalación

trad. G. Calderón

Buenos Aires, Caja Negra, 2018


Hal Foster

El retorno de lo real. La vanguardia a fines de siglo

cap. II: El quid del minimalismo

trad. Alfredo Brotons Muñoz

Madrid, Akal, 2001