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Solemos considerar la muerte como el peor de los males, el límite definitivo de la existencia individual. Fuente de sufrimiento infinito, la muerte así pensada genera además paradojas irresolubles: ¿cómo vivir la muerte si es justamente lo que pone fin a la vida? ¿Cómo puede ser que en el fondo sea una experiencia imposible lo que tanto dolor produce? ¿Qué nos mueve a luchar con tanta tenacidad contra una de las pocas cosas que sabemos inevitables? En Séneca y Agustín de Hipona, Platón y Margarita Porete, en las raíces de nuestra cultura misma Jazmín Ferreiro encuentra las herramientas para habilitar una experiencia distinta de la muerte, lo que equivale a otra manera de vivir la vida.